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Propuesta de una moneda internacional basada en materias primas – Seminario

Seminario

Propuesta de una moneda internacional basada en materias primas

Ponente

Jorge Riechmann, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro del CEMS y uno de los autores de Meter en cintura el dinero (Icaria, 2012)

Presentación y moderación

Jordi Mir Garcia, profesor de la Universitat Pompeu Fabra y miembro del CEMS

Miércoles 2 de mayo a las 12h.
Universitat Pompeu Fabra-Campus Ciutadella
Edificio Jaume I Aula 20.019

Organizado por
Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la UPF
Assemblea de la Facultat d’Economia de la UPF
Assemblea d’Humanitats de la UPF

El dinero, más allá de sus funciones “técnicas” (unidad de cuenta, medio de cambio), es tam­bién desde sus orígenes un instrumento de poder, y por cierto que uno de los más impor­tantes. Por eso las propues­tas de re­forma monetaria pueden alcanzar una impor­tancia que desborde lo meramente económico para extenderse hacia lo social, lo político y lo eco­ló­gico.  Proponemos analizar la idea de una moneda inter­nacional basada en materias pri­mas, que quizá permitiese re­du­cir las ina­cep­tables desigual­dades entre países y an­clar más sólidamente la economía “real” a su base biofísica.

Algunos materiales que pueden interesar a las personas que quieran participar en el seminario, o sencillamente leer al respecto de lo tratado:

Artículo de Herman Daly
http://bibliotecaverde.wikieco.org/2011/07/14/dinero-deuda-y-riqueza-virtual/

Artículo de Dan Kervick
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4813
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4826

Arículos de Alejandro Nadal
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3502
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4879

Artículo de Ted Trainer
http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/decre.pdf

Artículo de Steve Keen
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4860

Para más información se puede escribir a centre.moviments@upf.edu

Anuncis

Especulación alimentaria= HAMBRE

En el mundo se producen alimentos suficientes para 12 mil millones de personas. Somos 7 mil millones de habitantes. ¿Cómo se explica que 1 de cada 6 habitantes mueran de hambre?. La causa es que los alimentos son una mercancía en manos de unos pocos y sujeta a la especulación. La hambruna no es consecuencia de las sequías.
Por todo esto nos debemos preguntar quiénes controlan los recursos naturales, las semillas, las políticas agrícolas y la industria alimentaria.

Esther Vivas nos da las pistas para comprender por qué aún hoy existe el hambre en el mundo.
Visita esthervivas.wordpress.com


Avanzando en un cooperativismo agroecológico

Por Esther Vivas

Frente a un modelo de consumo y producción agrícola capitalista que nos conduce a una crisis alimentaria, climática, y del campo sin precedentes, se anteponen otras prácticas desde abajo y a la izquierda en la producción agrícola, la distribución y el consumo. Se trata de experiencias que buscan establecer una relación directa entre el productor y el consumidor, a partir de unas relaciones solidarias, de confianza, cooperativas, locales, planteando alternativas viables al sistema actual.

El número de estas iniciativas, en todo el mundo, se ha multiplicado de forma exponencial en los últimos tiempos. En muchos países de América Latina, Europa, Asia, América del Norte… encontramos cada vez más iniciativas que ponen en contacto cooperativas de productores con grupos de consumidores, que organizan modelos alternativos de distribución de alimentos, que apuestan por “otro consumo”, que establecen relaciones directas y solidarias entre el campo y la ciudad o que reconvierten terrenos abandonados en las grandes urbes en huertas urbanas para el autoconsumo y/o la distribución local.

En los países del Sur, el hundimiento del campo a lo largo de las últimas décadas, como resultado de las políticas neoliberales, intensificó la migración campo-ciudad, provocando un proceso de “descampesinización”/1. En las últimas décadas esta dinámica, en muchos países, no tomó la forma de un proceso clásico, donde los excampesinos iban a las ciudades a trabajar en fábricas en el marco de un proceso de industrialización, sino que se produjo, lo que Davis/2 llama, una “urbanización desconectada de la industrialización”, donde los excampesinos empujados a las ciudades pasaron a engrosar sus periferias viviendo muchos de la economía informal y configurando un “proletariado informal”. En Brasil, por ejemplo, se pasó del 31% de la población viviendo en las grandes ciudades en 1940 al 81% en la actualidad/3. Estos procesos explicarían la creación de nuevos mecanismos de producción y distribución de comida en las metrópolis del Sur global frente al abandono del campo.

Ante la crisis del modelo agroalimentario actual, varios estudios demuestran como la producción campesina a pequeña escala es altamente productiva y capaz de alimentar a la población mundial. La investigación llevada a cabo por la Universidad de Michigan/5,  en 2007, que comparaba la producción agrícola convencional con la agroecológica, lo dejaba bien claro. Sus conclusiones apuntaban, incluso las estimaciones más conservadoras, que la agricultura orgánica podía proveer  al menos tanta comida de media como la que se produce en la actualidad, aunque sus investigadores consideraban, como estimación más realista, que la agricultura ecológica podía aumentar la producción global de comida hasta un 50%.

De este modo, surgen experiencias que demuestran que es posible otra manera de trabajar la tierra, producir alimentos y comercializarlos. Cada uno de estos modelos se adapta a las necesidades de sus miembros y a su entorno. Las iniciativas que existen en Brasil, por ejemplo, distan de otras que se llevan a cabo en Francia y éstas a la vez de las que se impulsan en Estados Unidos. Pero a pesar de estas diferencias existe un denominador común: solidaridad productor-consumidor, cooperativismo y auto-organización.

En Brasil existen actualmente veintidós mil Emprendimientos Económicos Solidarios que incorporan a las personas excluidas del mercado de trabajo, un 48% de los cuales se encuentran en el ámbito rural y están formados por asociaciones de pequeños productores. Actualmente, éstos ocupan más de un millón setecientas mil personas en el marco del movimiento de la economía solidaria/5, insertándose, una parte, en el conjunto de las alternativas al actual modelo de producción, distribución, comercio y consumo.

En Cuba, los huertos urbanos agroecológicos son una de las experiencias de producción agrícola más exitosas. Un modelo que se puso en marcha como respuesta a la crisis agrícola que vivía la isla en los 90 después del hundimiento de la URSS, cuando ésta tenía que importar el 50% de los alimentos necesarios para su consumo como consecuencia de un modelo agrícola que había convertido al país en exportador de mercancías de lujo e importador de alimentos para sus habitantes. El plan de choque de principios de los 90, consistente en invertir en agricultura urbana (plantando en la ciudad, a parte del campo, y reduciendo el uso del transporte, la refrigeración y otros recursos), tuvo más éxito de lo previsto. A finales de los 90, existían, en La Habana, más de ocho mil granjas y huertos urbanos donde trabajaban unas treinta mil personas. Un modelo que se multiplicó por toda la isla con una producción en aumento del 250% al 350%/6.

En Francia, se han desarrollado redes de solidaridad entre productores y consumidores a través de las AMAP (Association pour le Maintien de l’Agriculture Paysanne). Una experiencia que parte de un “contrato solidario” entre un grupo de consumidores y un campesino local agroecológico, en base el cual los primeros pagan por adelantado el total de su consumo por un período determinado y el campesino les provee semanalmente de los productos de su huerta. Desde la creación de la primera AMAP, en 2001, éstas se han multiplicado por todo el país llegando a sumar 750 AMAP, quienes suministran a unas treinta mil familias/7.

En otros países de Europa, experiencias como las de las AMAP se remontan a los años 60, cuando en Alemania, Austria o Suiza se empezaron a desarrollar iniciativas similares como respuesta a la creciente industrialización de la agricultura. En Gran Bretaña, estas iniciativas empezaron a funcionar en los años 90 con el nombre de CSA (Community-Supported Agriculture) o Vegetable box scheme y a principios del 2007 existían unas 600 iniciativas de este tipo/8.

En el Estado español, los primeros grupos de consumo surgieron a finales de los 80 y principios de los 90, pero no fue hasta mediados de los años 2000 que éstos tuvieron un crecimiento importante. En cifras totales, se trata de experiencias que suman a un número reducido de personas, pero su tendencia va en aumento, mostrando una creciente preocupación por el actual modelo agroalimentario y la voluntad de llevar a cabo un consumo que sea solidario con el campo, con criterios sociales y medioambientales.

A pesar de compartir unos criterios comunes existe una gran variedad de modelos organizativos, de relación con el campesino, de formato de compra, etc. Algunos integran en su seno a consumidores y a productores y otros sólo están formados por consumidores. Hay algunos modelos donde el consumidor puede escoger aquellos productos de temporada que desee y otros que perciben cada semana una cesta cerrada con frutas y verduras de la huerta. La mayor parte de experiencias funcionan a partir del trabajo voluntario de sus miembros, aunque hay algunos iniciativas profesionalizadas que incluyen también venta en tienda.

La multiplicación de estas experiencias plantea una serie de oportunidades para desarrollar otro modelo de consumo desde lo local, recuperando nuestro derecho a decidir sobre cómo, cuando y quién produce aquello que comemos. El gran reto es cómo llegar a más gente, hacer estas experiencias viables, mantener unos principios de ruptura con el actual modelo agroindustrial, seguir vinculadas a una producción y a un consumo local y rechazar los intentos de cooptación y el marketing verde.

Las cooperativas y los grupos de consumo tienen que aliarse con otros actores sociales (campesinos, trabajadores, mujeres, ecologistas, ganaderos, pescadores…) para cambiar este modelo agroalimentario, pero a la vez deben de ir más allá y participar en espacios amplios de acción y debate para conseguir un cambio global de paradigma. Estas iniciativas no deben de quedarse sólo en el discurso de la alternativa concreta, a pequeña escala, sino insertarse dentro de una estrategia general de transformación social.

La lógica capitalista que impera en el actual modelo agrícola y alimentario es la misma que afecta a otros ámbitos de nuestras vidas. Cambiar este sistema agroalimentario implica un cambio radical de paradigma y la crisis múltiple del capitalismo en la que estamos inmersos lo pone claramente de manifiesto.


1/ Bello, W (2009). The Food Wars. Londres. Verso.
2/ Davis, M. (2006) Planet of slums. Londres. Verso.
3/ Marques, P. (2009) La dimensión sociopolítica del movimiento de la Economía Solidaria en Brasil: Un estudio del Foro Brasileño de Economía Solidaria, Universidad de Granada.
4/ Chappell, M.J. (2007) Shattering myths: Can sustainable agriculture feed the world? en: http://www.foodfirst.org/node/1778
5/ Ibid.
6/ Murphy, C. (2000) Cultivating Havana: Urban agriculture and food security in the years of crisis en: http://www.foodfirst.org/pubs/devreps/dr12.pdf
7/ Para más información sobre les AMAP ver: López García, D. (2006) AMAPs: contratos locales entre agricultores y consumidores en Francia en: http://bah.ourproject.org/article.php3?id_article=86
8/ Para obtener más información sobre estas experiencias en Gran Bretaña ver: Soil Association, (2005) Cultivating communities farming at your fingertips en: http://www.soilassociation.org


Lecciones de democracia

Después de una larga era de manipulación y propaganda, despierta la cultura política italiana. Un viento nuevo y democrático sopla en el país. El activismo de los movimientos sociales y de las asociaciones ciudadanas ha protagonizado la campaña a favor del referendum del 12 y 13 de junio, que ha dejado abolidas la privatización del servicio de suministro del agua y el encarecimiento de tarifas, el programa nuclear y la ley del legítimo impedimento, que permitía a Berlusconi aducir empeños institucionales para no presentarse a sus juicios. En contra a una política de la privatización de los bienes comunes y de la idolatría del mercado, del individualismo y del consumo. Por quien quiera saber más, un buen artículo de Miguel Mora: http://www.elpais.com/articulo/internacional/italianos/ensenan/salida/Berlusconi/elpepiint/20110614elpepiint_1/Tes


Una rebelión en Europa es posible

Por David Muratore, Sec. Comunicación ATE – CTA Rosario (Argentina)

Equipo de Comunicación CTA Rosario

Rosario, 19 de abril de 2011.

Eric Toussaint estuvo en Rosario invitado por distintas organizaciones sociales (la CTA Rosario entre ellas) y dejó varias definiciones sobre la economía mundial y la del sur de América. “La rebelión popular en algunos países de Europa es posible” afirmó. Alertó también sobre el crecimiento de las tasas de interés en el norte, lo que acarrearía graves problemas a las economías dependientes. “Hay que investigar la deuda ilegítima, no pagarla e invertir en fuentes de financiamiento propio, como el banco del Sur” recomendó para América Latina. Economista e historiador, su primer trabajo “y por diez meses en 1973” fue periodista deportivo, concretamente comentaba partidos de fútbol para un diario belga, aunque se declara no futbolero ya que detesta el negocio que lo rodea, admite sin embargo que aún simpatiza con el Standard Lieja, el quipo de su ciudad y uno de los más populares de Bélgica.

Continua llegint


La tierra, los indios y el campo

«En una entrevista radial que le hice hace unos meses a Joao Pedro Stédile, el líder de los Sin Tierra brasileños, él adhería con vehemencia al “relato nuevo”. Por un lado, desde hace una década, las reivindicaciones de los pueblos originarios han ido confluyendo en la región con la defensa de la soberanía medioambiental, y por el otro, esa soberanía sobre los recursos naturales es uno de los más grandes desafíos al capitalismo globalizado. Pensadores del Foro Social Mundial como Leonardo Boff o Boaventura de Sousa Santos han coincidido en que la pelea será posible si la estrategia es regional. La ecuación es sencilla: las corporaciones multinacionales que operan sobre esos recursos, desgastándolos, avasallándolos, no pueden ser reguladas por cada Estado individualmente, sino con parámetros comunes de defensa regional. Tal es su fuerza y tal debe ser la que se les oponga, no para que “desinviertan”, que es el cuco que sobreviene cada vez que un Estado se planta frente a la “iniciativa privada”, sino para que las inversiones que lleguen y los puestos de trabajo que creen encajen en el verosímil del desarrollo sustentable.

Sustraerles a las corporaciones su carácter de impunidad transnacional es casi una obligación de cualquier gobierno decente. La región guarda en sí, además, recursos vitales como el agua, el petróleo, la Amazonia, el pulmón del planeta y, obviamente, también la tierra, el territorio.

Los Sin Tierra brasileños son la organización social más grande de América latina y una de las más antiguas. Hace 26 años que pelean ese Gran Tema Latinoamericano: la tierra. Lo que estaba en el origen. La palabra no sólo remite a los pueblos nativos, sino también a la acumulación originaria de la que hablaba Marx. La tierra fue la materia de la acumulación originaria del capitalismo latinoamericano. Nuestras elites hicieron su acumulación originaria de hectáreas sobre el aplastamiento de esos pueblos.

Stédile –un economista marxista pero de raíz cristiana– indicaba además que la defensa medioambiental había cambiado en los últimos años la lucha de los Sin Tierra, tradicionalmente conocidos por sus tomas y ocupaciones. Han peleado más de dos décadas por una reforma agraria que, tal como la pensaban, ya no sirve. Los agronegocios y los monocultivos los llevan del territorio a la política: “¿Para qué queremos pelear por tierras que estarán muertas? Nuestra lucha hoy es por la tierra pero también contra los agrotóxicos y el modo de producción a gran escala”, decía Stédile.

En los ’90, el capitalismo terrateniente, responsable de la cualidad “bananera”, que tan bien combina mariachis con sangre, comenzó a ser un capitalismo arrendatario que se entrega y marca tendencia económica para abrirle paso a las corporaciones trasnacionales. Eso dejó atrás la vieja y amable idea de la “ecología”, para dar paso a otro ítem, de un entramado de intereses muy profundo y difícil de desarmar. Hay vastos sectores en todos los países del Cono Sur que han construido sus sistemas de supervivencia económica en dependencia con esas corporaciones.

Si algo caracteriza esta era de decadencia neoliberal es su doble faz, inhumana en sus dos caras: la tendencia a escindirse de la economía real y fugarse hacia la especulación financiera sin patria ni bandera y, por otro lado, la obstinación, el fanatismo por una producción a gran escala que está destruyendo rápidamente el planeta. Los ’90 permitieron que todo aquello que en materia de protección ambiental no puede hacerse ni en Estados Unidos ni en Europa, viniera a hacerse a América latina. La corporación de capitales norteamericanos y españoles que en 2009 fue sospechada de haber generado los primeros brotes de gripe A, surgidos en el borde de una gigantesca laguna en la que yacen miles de cadáveres de cerdos, había dejado de operar en Estados Unidos después de tener que pagar multas millonarias. México la recibió con los brazos abiertos: llegaba para “crear fuentes de trabajo”. Entre otras cosas, para eso existe el ALCA, un proyecto de puro vasallaje.

Desde hace cinco siglos los pueblos originarios reclaman sus derechos sobre los recursos naturales. Que les fueron y les son salvajemente arrebatados es algo fuera de duda. Lo que ha cambiado es el papel de los pueblos originarios, y ese nuevo rol los coloca en otro lugar del paradigma: son los antagonistas, ahora, no de los colonizadores españoles, sino los de las corporaciones que vienen operando en la región sin los controles estatales que sí rigen en sus países madre. […]»

Sandra Russo

(Publicado en Página/12 el sábado 22 de enero de 2011. Ver artículo completo)