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“Guerra humanitaria”: ¿una coartada para las (pre)potencias occidentales?

Nuria del Viso, responsable del área de Paz y Seguridad del CIP-Ecosocial, ha planteado tres preguntas a cinco pensadores de distintas disciplinas y trayectorias: Francisco Fernández Buey, Federico Mayor Zaragoza, Alejandro Pozo, Miguel Romero y Carlos Taibo. Una conversación “coral” interesante que invita a la reflexión y el debate sobre las guerras (no sólo la de Libia) y sus pretextos “humanitarios”.

“Guerra humanitaria”: ¿una coartada para las (pre)potencias occidentales?

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Sobre la noción de «guerra humanitaria»

Por Francisco Fernández Buey

¿Sobre qué razones se pueden asentar la noción de «guerra humanitaria»? ¿Qué criterios se pueden utilizar para su aplicación en un conflicto específico?

Hablando con propiedad, no ha habido nunca, ni hay, ni habrá “guerra humanitaria”. La expresión es un oxímoron que se suele emplear para justificar políticamente lo injustificable moralmente. Toda guerra es por definición anti-humanitaria, destructora y aniquiladora de seres humanos.

Después de las experiencias con «intervenciones humanitarias» que se han realizado desde los años 90 con resultados que van desde poco concluyentes (Bosnia) a abiertamente desastrosos (Somalia, Irak y Afganistán) ¿siguen siendo válidos los argumentos que las justifican?

Desde el punto de vista moral está justificado rebelarse contra los tiranos. Y desde el punto de vista político está justificado ayudar a los que se rebelan contra los tiranos. Pero dicho eso (lo que, por cierto, no suelen decir los partidarios de las intervenciones militares) y precisamente por lo que sabemos sobre las experiencias que se mencionan, parece evidente que hay que poner límites a la injerencia o intervención por motivos humanitarios.

Se suele aceptar (con algunas reservas) que, en el mundo actual, la ONU sigue siendo el único sujeto legitimado para una intervención de ese tipo, lo que no implica necesariamente el reconocimiento de la injerencia como parte del derecho internacional. Incluso sin entrar en la discusión sobre la necesidad de una reforma democrática de la ONU, habría que limitar la intervención al uso de fuerzas de interposición y descartar, por tanto, la utilización de medios bélicos. La razón de eso es, a estas alturas, bastante obvia: las consecuencias del uso del medios bélicos, sobre todo cuando éstos son superiores a los que ya se utilizan en tales o cuales conflictos, suelen ser peores que el mal que se pretende evitar por motivos humanitarios. El infierno está empedrado de buenas intenciones (y no digamos de pretextos). No debería haber, pues, intervención, ni siquiera de fuerzas de interposición, cuando no se han prospectado ni agotado otros medios de negociación político-diplomáticos.

¿Cómo valoras estas consideraciones en el caso de Libia?

Creo que lo dicho en la respuesta anterior vale también en el caso de Libia. Las comparaciones que ahora se vienen haciendo, por parte de los hunos y  de los hotros (que diría Unamuno), están fuera de lugar: el caso de Libia no es equiparable al de Irak, pero tampoco es equiparable al de la España de 1936. Esas comparaciones son pretextos politiqueros, pretextos para acogotar a la buena gente, pacifista y no-violenta, pretextos que se olvidarán pronto, cuando empiece el recuento de los muertos. Ya ahora mismo la intervención de las potencias aliadas está yendo más allá de lo que dice el mandato de la ONU. Eso es algo inevitable cuando se pone en marcha un dispositivo militar como el de la OTAN. Por otra parte, y aun sin entrar en las contradicciones e hipocresías de las potencias que están interviniendo en Libia contra el régimen de Gadafi, tampoco hay duda, en este caso, de que existen otros medios no-bélicos de intervención positiva y proactiva en el conflicto en favor de los que se rebelan (desde el embargo de las cuentas bancarias de los mandamases hasta el aislamiento político de ese régimen, pasando, como digo, por la interposición de fuerzas no-violentas) . Eso es lo que están proponiendo, creo que razonablemente, las personas que se han manifestado contra la guerra.


(Respuestas a un cuestionario del CIP-Ecosocial. Barcelona, 30/03/2011)



La guerra y la memoria


La guerra ha comenzado. Y la memoria nos vuelve a fallar. El sábado Isaac Rosa concluía su columna de Público afirmando que “parece que de una vez para otra se nos olvida: una matanza no se para con una matanza mayor, los pueblos no se liberan a bombazos ni la democracia se impone con las armas. No a la guerra. A ésta tampoco.” Pero hoy leemos en los periódicos gran cantidad de artículos que justifican el ataque a Libia como un “mal menor” ante el dictador sanguinario. ¿Desde cuándo nos importa lo que hacen los dictadores con sus pueblos? Si nos importara, la Comunidad Internacional estaría hablando sobre lo que está pasando en Bahrein o Arabia Saudí. Pero ellos son amigos, de momento, y pueden gestionar la crisis con su pueblo solos. Parece que Libia no nos hace recordar lo que pasó en Irak: las consecuencias de una guerra que lejos de conseguir el objetivo que la justificó (encontrar las armas de destrucción masiva), sólo creó destrucción, muerte y más guerra. ¿Importa que esta vez haya una resolución de las Naciones Unidas cargada de intereses?. En la concentración de esta mañana “Ni tiranies, ni ocupacions, solidaritat amb els pobles en lluita” éramos menos de los que faltaban. Parece que nuestras memorias nos han jugado una mala pasada a la hora de recordar por qué nos movilizamos en el 2003. Pero en las últimas palabras de Aturem la Guerra ha quedado claro que ésta es sólo la primera de muchas movilizaciones que nos harán solidarizarnos con el pueblo Libio. Porque de nuevo, la guerra va para largo. Ojalá y así no sea.


a los que mueren en Libia

 

Quería dedicar dos líneas a la gente que está muriendo en Libia. A la gente que muere matada por los bombardeos de Gheddafi, porqué quiere luchar para un mundo más justo. A la gente que intenta huir de Libia y que -por el pacto entre Italia y Libia- nunca llega a ningún sitio porque los dejan morir en el desierto al confin con el Niger,  muertos de hambre. A los militares –los que realmente creen en su compromiso, y no los que van en misión de paz y juegan con la vida de las personas- que han sido matados porque no han querido contribuir al genocidio de su país.

os dejo un importante documental donde se pueden veer las personas que intentan huir y que mueren perdidos en el desierto

http://espresso.repubblica.it/dettaglio/morire-nel-deserto/2119367