Las aulas están vacías

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Como cada año, llega el final de curso y las aulas de la universidad quedan “obsoletas”. Nada parece haber pasado por allí en los últimos días, y sin embargo, hace menos de una semana, el patio estaba repleto de estudiantes repasando apuntes, comentado exámenes o retocando trabajos de última hora. No sabemos cuántos de estos estudiantes volverán a las aulas en septiembre, pues según algunas fuentes, en el próximo curso, quedarán fuera de la universidad unos 30.0001.

Esta semana conocíamos la noticia: “al menos 30.000 estudiantes universitarios (un 2,3% del total) corren riesgo de ser expulsados de los campus españoles por no poder pagar las matrículas”. 30.000, han leído bien. La subida de tasas de las matrículas de los grados y posgrados universitarios —hasta 540 euros más de media en la primera matrícula—, unida a la disminución de becas al endurecerse los requisitos académicos —del 5,5 de nota media ahora se pide un 6,5— provocarán que en el próximo curso miles de estudiantes queden al margen del sistema universitario. Y no por voluntad propia, sino porque los expulsan.

Como la campaña lanzada hace unos meses por “Juventud sin Futuro” sobre la necesidad de emigrar de los jóvenes españoles para buscan oportunidades laborales fuera del país2, en el caso de la universidad pública, se repite el mismo mensaje: “No nos vamos, nos echan”. Y nos echan a través de políticas económicas que justifican recortes y austeridad en la institución pública. Nos echan como estudiantes y como becarios, pero también, como futuros profesores, trabajadores, investigadores y profesionales de diversos ámbitos.

Cuando hace años discutíamos sobre las consecuencias que el Plan Bolonia tendría sobre las universidades españolas, no imaginábamos hasta qué punto la combinación de “Bolonia” con la actual crisis económica provocaría un estado tan alarmante en la educación superior. En pocos años hemos visto cumplirse muchos de los riesgos que ya advertía el movimiento universitario “antibolonia”: subida de tasas, reducción de becas, endeudamiento de los estudiantes, recortes presupuestarios en los departamentos y facultades, reducción de profesorado, aumento de la precariedad laboral entre el personal docente y administrativo, etc.

El impulso de políticas a “coste cero” nos ha encaminado hacia un modelo de universidad privada (finciación privada, acceso restringido, becas selectivas, etc.), cuya máxima predilecta “menor inversión, mayores beneficios” cada vez se aplica a más ámbitos de la “universidad-empresa”. Las aulas son ahora espacios con costes y beneficios, y las clases impartidas, sólo una excusa más para mantener una estructura que genere “rentabilidad”.

El principal problema al que nos enfrentamos hoy, por tanto, ya no tiene que ver con la universidad de masas que cuestionaba la calidad de la educación y las posibilidades del acceso universal, sino todo lo contrario: el problema hoy, si no lo conseguimos revertir, es el desmatelamiento de la universidad pública y la elitización de la educación superior. El vaciamiento de las aulas acecha sobre nuestras universidades, y la máxima “todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes” cada vez más, se nos impone como una realidad dada.

– “Disculpe profesor, ¿se puede?”. – “No insista joven, las aulas están vacías”.

1“Mas de 30.000 universitarios al borde de la expulsión por impago” . Diario El País, 17/06/2013. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/17/actualidad/1371499455_460313.html

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