Sobre escraches, construcción de democracia y diferentes tipos de violencia

En noviembre de 2008 la revista Viento Sur presentaba un número preparado por Enric Prat con un conjunto de artículos pensados para proporcionar análisis y reflexiones sobre la violencia y la no-violencia, y sobre diferentes tipos de acción que desarrolladas por los movimientos sociales. Me propuso participar y pensé en trabajar sobre los escarches en Argentina una iniciativa de la que había tenido oportunidad de conocer algunos de sus impulsores y me despertaba gran interés por diversos motivos. Hoy el escrache como repertorio de actuación de la movilización social se ha hecho especialmente presente en el debate público con motivo de una campaña impulsada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca:

http://afectadosporlahipoteca.com/category/propuestas-pah/escrache/

Dejo aquí el texto que escribí en aquel momento «Escraches: justicia popular y construcción de la ciudadanía en Argentina» por si puede servir para la reflexión y el debate. La revista entera se puede descargar aquí http://vientosur.info/articulosabiertos/vs_0101.pdf  (p.64-72)

Para conocer como el escrache se ha convertido en tendencia en los últimos días, conviene leer «‘Escrache’, la paraula de moda» http://www.emdicjoao.com/?p=505 de João França

ESCRACHES: JUSTICIA POPULAR Y CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADANÍA EN ARGENTINA

Escrachar es poner en evidencia, revelar en público, hacer aparecer la cara de una persona que pretende pasar desapercibida. A la impunidad jurídica se une la impunidad social garantizada por el desconocimiento de la identidad de aquellas personas que sustentaron la dictadura en Argentina. Pero esta impunidad social puede desaparecer al ser identificado. La sociedad está cambiando, hoy ya hay quien quiere denunciarlas y quienes las rechazarán por lo que fueron, porque no se han retractado y porque la justicia no ha actuado. Hacer justicia en contra del poder judicial. La práctica del escrache surgió con esta voluntad. No se trataba de una manifestación reivindicativa más. La acción podía ser transformadora por ella misma. La manifestación también tiene esta capacidad, pero en la mayoría de prácticas concretas ha dejado de serlo, se ha convertido en una procesión más.

Esta manifestación, representación teatral, happening visual… tiene como uno de sus propósitos identificar a los responsables de la dictadura. Es una actuación que en ella misma se quiere transformadora, servirá para hacer justicia, para castigar, para recuperar la calle, para trabajar juntos todos aquellos que están por una sociedad donde no quepa la impunidad y se imponga la justicia en lo legal y lo social. Las características de esta forma de actuación y la capacidad de intervención que ha demostrado la hacen merecedora de nuestra atención. Al hablar de la historia reciente de Argentina y

España uno puede tender a la confusión, podríamos aprovechar lo compartido.

Los escraches han sido una actividad muy presente en los últimos diez años de

la historia de Argentina y hablar de ellos desde España genera ciertas dudas, uno no quiere entretenerse en cuestiones que una persona que lo ha vivido de cerca puede considerar trivialidades. Intentaré no hacerlo, sin dar por sabidas cuestiones que pueden resultar esenciales para avanzar en un diálogo.

 

 

H.I.J.O.S.

 

El escrache es una práctica que está ligada a una agrupación fundamental para

entender lo que está siendo en Argentina la lucha por la derrota definitiva de la dictadura. Se trata de H.I.J.O.S. (1), Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio. Define su razón de ser por la lucha contra la impunidad, por la reconstrucción de la historia sin versiones falseadas, por la restitución de la identidad de las chicas y chicos que fueron separados de sus padres y por la reivindicación de la lucha de los propios padres y sus compañeros.

El funcionamiento de la agrupación quiere ser horizontal, a partir de las decisiones tomadas en asamblea. Su implantación es extensa, llega a todo el

país y a 16 ciudades en el extranjero. En la llamada Regional de la Capital Federal existen 9 Comisiones que señalan los diferentes componentes del trabajo desarrollado por la agrupación. Significativamente, la primera comisión de la lista que presentan es la dedicada al escrache. Se encarga de la organización de los escraches, desde la investigación necesaria hasta la preparación de las actividades. Comisión de Hermanos, busca la restitución de los más de 500 chicos que fueron apropiados durante la dictadura. Comisión de Identidad, trabaja por la reconstrucción de las identidades personales y colectivas de las personas a las que la dictadura arrebató su identidad y de las organizaciones a las que estuvo vinculada la generación de sus padres. Comisión de Prensa, encargada de la difusión de las actividades de la agrupación y de las publicaciones que realiza. Comisión de Finanzas, intenta generar sus recursos a partir de actividades propias, ya que la agrupación no se financia con ayudas gubernamentales ni de organizaciones políticas. Comisión de Recepción y Bienvenida, pensada para la acogida de los chicos que quieren integrarse en la organización. La última de las comisiones, podrá sorprender, pero enlaza directamente con la primera; se trata de la Comisión de Arte y Política y representa un asunto de gran interés para entender lo que han sido y pueden ser los escraches.

H.I.J.O.S. convierte sus objetivos en nueve puntos básicos. Así los plantea: Juicio y castigo a todos los genocidas o sus complices; nulidad efectiva de las leyes de impunidad; reivindicación de la lucha de los padres y sus compañeros por un país justo, sin miserias ni exclusiones; restitución de la identidad de los hermanos apropiados; libertad a los presos políticos y cese de las persecuciones a los luchadores populares; no a la llamada teoría de los dos demonios que iguala a un pueblo que resiste con el terrorismo de estado; independencia institucional y partidaria; reconstrucción del tejido social destruido por la dictadura; horizontalidad y voluntad de consenso.

El escrache ha conseguido cumplir con una parte importante de estos puntos básicos. Supone un juicio y castigo popular a los miembros del régimen dictatorial que lo han recibido. Por su propia acción ha avanzado en la nulidad práctica de las leyes de impunidad. La lucha de padres y compañeros se reivindica por los contenidos que ha incorporado la actuación más allá de la denuncia y el castigo de los represores. Los escraches se han centrado también en la situación socioeconómica del país. Ha sido ejercido por una sociedad que entiende que no hay equiparación posible entre los represores y los reprimidos. El intento de hacer pasar a las victimas por demonios que merecían el castigo recibido, práctica realizada también por otros poderes dictatoriales para justificar su acción, pierde su fundamento cuando el miedo de unos desaparece y la conciencia de otros empieza a iluminarse.

El escrache continua cumpliendo porque no pertenece a nadie, es una propuesta de H.I.J.O.S. que enlaza con otros colectivos y con la ciudadanía que desea participar, no forma parte de institución o partido alguno. Esta independencia voluntaria y las practicas que se han ido desarrollando para poder realizar los diferentes escraches se han encaminado a intentar reconstruir el tejido social que destruyó la dictadura. Había diferentes opciones para desarrollar estas prácticas transformadoras y la línea que han querido ir imponiendo en los últimos años es la de trabajar conjuntamente con diferentes asociaciones y colectivos con los que comparten sensibilidades y objetivos. Estos actos se han convertido en un punto de encuentro y esto explica como se creó la Mesa del Escrache para incorporar a todas aquellos agentes que  formarían parte de su desarrollo.

 

Si no hay justicia hay escrache, ¿si hay escrache hay justicia?

 

Lo que lleva al escrache es la inexistencia de justicia. La justicia que es lenta no es justicia. La justicia que establece diferencias entre ciudadanos de una clase u otra no es justicia. No hay justicia, ni condena, pero puede haber justicia popular y condena social. Ante las leyes de obediencia debida y punto final, la justicia nace desde abajo e intenta que el conjunto de la sociedad la asuma como propia. La justicia popular tiene un componente ético y político que lleva a la desobediencia y a la argumentación de lo que hace condenable al acusado enfrentándose a la justicia institucional. Una vez demostrado que aquella persona participó de la represión ejercida, lo que se propone es la condena porque lo hecho es inaceptable. No importa que las autoridades no lo consideren así.

Con el escrache se quiere hacer pública la identidad de los sujetos: que los compañeros de trabajo conozcan cuál era su oficio en la dictadura, que los vecinos sepan que al lado de su casa vive un torturador, que los reconozcan en la panadería, en el bar, en el almacén. Ya que no hay justicia, por lo menos que no tengan paz, que se los señale por la calle como lo que son: criminales. Se quiere que no puedan ocupar cargos, que los políticos y empresarios, que acostumbran a conocer su pasado, deban echarlos o esconderlos para evitar la vergüenza de que se sepa que contratan asesinos.

Las organizaciones que construyen el escrache, que lo echan a andar, que inician este proceso de justicia popular y condena social, también están exigiendo a una justicia que consideran inepta, ineficiente y que solo beneficia a los poderosos que juzgue y castigue, sin privilegios. Mientras tanto, se ha descubierto lo que se hizo y quien lo hizo. Ya nadie puede decir que desconoce los hechos. Entonces de lo que se trata es de decidir si se consideran condenables o no. No existe la igualdad entre los ciudadanos, no puede existir la condena penal. Lo que puede llegar es la condena social en la medida que la sociedad argentina deje de apoyar, encubrir, entender o obviar lo ocurrido. Y eso ya está pasando. Los escraches han sido una contribución definitiva. Han llegado en un momento adecuado, son causa y consecuencia. La tarea realizada por las Madres de la Plaza de Mayo ha permitido que ahora lo planteado por H.I.J.O.S. caiga en terreno abonado.

 

 

Los cuerpos, las ideas y la amplitud de los derechos humanos

Si en la sociedad argentina se avanza hacia el cuestionamiento de la impunidad, hacia la exigencia de justicia y castigo, debemos considerar los cambios que se han producido desde los años de la dictadura hasta hoy. Un cambio se presenta como determinante para comprender lo ocurrido en los últimos años. La reacción de las madres que durante años estuvieron solicitando información sobre lo ocurrido con sus hijas, hijos, nietas y nietos, se transformó después en exigencia. Las madres, las abuelas, y los diferentes grupos por la defensa de los derechos humanos reivindicaban la verdad. Después, hubo quien además de reivindicar los derechos de sus descendientes

decidió empezar a luchar por aquello que los había hecho desaparecer.

Hay que valorar lo que supone pasar de pedir explicaciones sobre los desaparecidos a recoger las banderas que ellos levantaron y volverlas a ondear. Se ha producido un cambio en los activistas y en la sociedad que los acoge. Lo que hicieron Madres durante la dictadura parecía mucho más de lo que estaba en sus manos y de lo que podía aceptar un régimen represor. Tuvo sus costes. Pero dar el siguiente paso mostró que volvíamos a avanzar. Se había dejado de resistir. H.I.J.O.S. apareció para impulsar el recorrido en esa dirección. No es fácil. Una cosa es reclamar saber que le ha pasado a un hijo, hija, nieto, nieta… Otra muy diferente, reclamar aquello por lo que trabajó. Ladictadura no lo podía asumir, pero la democracia también tiene problemas.

La concepción que H.I.J.O.S. tiene de los derechos humanos, que no le es exclusiva, profundiza en las acepciones más habituales que se expresan en relación con la integridad de las personas y su derecho a no sufrir violencia deningún tipo. Entienden que los Derechos Humanos incorporan derechos como el comer, estudiar, tener acceso a la salud y a la vivienda y los defienden. En la Argentina de hoy existen miembros de la dictadura muy presentes en la gobernación y la toma de decisiones con enorme influencia socioeconómica (2). La impunidad tiene graves efectos sobre el pasado, pero también en lo que se refiere al presente y futuro del país. En el pasado incumbe a la justicia qué puede hacerse ante la represión recibida. En el presente quiere decir que se está en un sistema corrupto. La lucha contra la impunidad respecto del pasado es una lucha, también, para evitar que aquellas personas con responsabilidades y con prácticas que no han cambiado continúen torturando, continúen teniendo el gatillo fácil y continúen criminalizando la protesta y la pobreza.

H.I.J.O.S. se ha propuesto contar quiénes fueron sus padres y sus compañeros, qué querían, por qué luchaban, esta es también su tarea. Consideran que no es casual, ni es por descuido, que se oculta esta parte de la

historia. Seguir el ejemplo de esa generación es peligroso para los poderosos. Que puedan revisar y aprender de su experiencia mucho más peligroso aun.

Violencia y fascismo

 

En los escraches realizados acostumbra a existir una considerable presencia policial, particularmente para establecer un perímetro de seguridad respecto del edificio al que se dirigen. Pero intentan ser actos con un componente festivo que no buscan el enfrentamiento con nadie. Los organizadores y los asistentes no buscan el contacto, pero han sufrido cargas policiales. De acuerdo con esta realidad, se entiende que las críticas que ha recibido esta práctica se han centrado en otros aspectos.

El escritor Carlos Balmaceda ha publicado algunos artículos planteando su rechazo a este tipo de iniciativas. Sus argumentos los podemos tomar como representativos de las críticas realizadas. En un análisis de la palabra, sitúa su origen en el lunfardo, el habla coloquial de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas. Escrache querría decir hacer algo feo, horrible, a alguien, vendría de “escracho” que significa algo o alguien feo, horrible. Balmaceda, se reafirma en su posición después de consultar el diccionario de la Real Academia Española. La consulta le informa de que escrachar es un verbo que quiere decir, romper, destruir, aplastar en formas coloquiales de Argentina y Uruguay. La etimología une al escrache y violencia, la historia para él también. Balmaceda recurre a ejemplos históricos para señalar el carácter reaccionario y dogmático de esta práctica. Ve en el escrache la práctica del fanático que considera que la condena debe preceder al juicio. Considera, además, que el escrachador disfruta con el pánico que despierta en el escrachado. Uno de estos casos históricos le lleva a relacionar el escrache con la persecución de los judíos llevada a cabo por Adolf Hitler. El escrache nazi habría comenzado pintando la cruz de David en las paredes de las casas habitadas por ellos y habría acabado con su ejecución. La práctica de escrachear nazi continuaría con los homosexuales, gitanos, lesbianas, prostitutas, vagabundos, delincuentes, indigentes, drogadictos y alcohólicos. Otro de los episodios históricos que utiliza tiene que ver con la guerra civil española y el franquismo. La represión a los republicanos habría sido un escrache. Señala como obra que ilustra bien esta práctica la película La lengua de las mariposas.

La discusión sobre la práctica de los escraches continua y hace pocos meses con motivo del conflicto que se está viviendo en el campo por los impuestos a las exportaciones de los grandes productores volvió a la primera página. Alberto Fernández, jefe de Gabinete de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, relacionó también los escraches con practicas nazi y lo hizo con motivo de las presiones que están realizando sectores del campo a funcionarios y legisladores que están a favor de las retenciones a las exportaciones agrícolas. Conviene señalar que Balmaseda y Fernández no se refieren al mismo tipo de prácticas cuando utilizan el concepto escrache. El primero se refiere al intento de justicia y castigo popular contra la impunidad; el segundo a las manifestaciones de diferente tipo contra políticos por no compartir una determinada política fiscal. El hecho de designar del mismo modo prácticas diferentes genera confusión. Para la discusión sobre la relación con la violencia del escrache aquí tratado no deberemos confundirlo con otras prácticas.

Es difícil poder considerar nazi, o simplemente violenta, una práctica como la del escrache, nacida para responder a la impunidad. Podría estar en cuestión el tipo de reacción. ¿Tienen derecho a desvelar la identidad de un represor? ¿Es justo denunciar que una institución o una empresa tuvo responsabilidades que conllevaron el sufrimiento para una parte de la población argentina? ¿Son fiables los datos que manejan? Hasta el momento parece claro que H.I.J.O.S. y todas los colectivos que han participado en la organización de los escarches han sido rigurosos en la elección de sus objetivos. Podemos preguntarnos si tienen derecho a hacerlo, a publicitarlo. La duda es enorme cuando somos conscientes de que la justicia institucionalizada no actuará como debería hacerlo con otro delincuente. ¿Hasta que punto es violencia que no se debería ejercer explicar los hechos cometidos, de los que nadie se ha retractado y que no han sido resueltos por la justicia más que con el olvido? ¿Es justificable lanzar pintura roja a la fachada de una casa para marcar la existencia en su interior de alguien que derramó la sangre de otros conciudadanos?

Resulta evidente que hay un componente de violencia en estas prácticas. Pero parece quedar claro que no se trata de agresiones físicas. Se trata de una actividad que busca informar, desenmascarar, no agredir, no ir contra la integridad física. Pero no puede hacerlo sin romper con la situación creada. Hay que desobedecer las leyes de punto final y obediencia debida, hay que desobedecer la impunidad, hay que mostrar aquello que como sociedad no se quiere ver. El Diccionario de la Real Academia recoge una segunda acepción de la definición de escrachar, a la que Balmaseda podría haber atendido; en el uso coloquial en Argentina y Uruguay también significa fotografiar una persona.

 

 

Violencia y contraviolencia simbólica

 

El escrache es una respuesta de los que han vivido injusticias y violencia. Los organizadores no entienden esta práctica como una respuesta agresiva. Es una respuesta a una agresión que no ha merecido justicia, pero su manera de actuar no pasa por reproducir lo sufrido. No han aceptado ni la reconciliación, ni el olvido. Han optado por la contestación ciudadana. Respecto de Madres, se ha pasado de la resistencia activa al enfrentamiento con los represores y con la sociedad que permite su impunidad. Pero esto no discurre en el ámbito de lo físico, podríamos entender que reclama imponerse en el de lo simbólico.

No se trataría de violencia, sino de contraviolencia surgida de la desobediencia. Han sufrido violencia y continúan padeciéndola. El poder ha generado, también, violencia simbólica. ¿Cual es este tipo de violencia? Siguiendo una definición de Pierre Bourdieu la podríamos presentar como la violencia que arranca sumisiones, que ni siquiera se perciben como tales, a partir de unas creencias socialmente inculcadas. El escrache se ha enfrentado a estas creencias socialmente inculcadas, ha podido ejercer de contraviolencia. Sin estar en el poder, sin tener a la justicia institucional de su lado, han conseguido responder a la violencia física y simbólica. Se busca romper con esas sumisiones no percibidas, con las creencias, los valores, los sentimientos creados por la dictadura y que pueden pervivir. La impunidad no hay que aceptarla como un dogma. Nuestros hijos, nuestros padres, no fueron terroristas aunque así nos lo dijeron y tal vez lo creímos. Las viejas creencias empiezan a desaparecer y nuevos valores emergen.

Las gentes de H.I.J.O.S. y de otros colectivos participantes cuentan que a veces alguien se les acerca y les dice “pero a este hay que matarlo”. Para ellos está no es la solución. La subversión que buscan pasa por otro camino. Su opción pasa por reconstruir aquello que la dictadura destruyó, la ciudadanía activa. Para poder vivir en democracia hay que devolverla a la vida. Lo que buscan es un trabajo de creación en el que la violencia en su aspecto destructivo no tiene lugar.

 

 

Crear después de la destrucción

 

Los escraches han sido origen y resultado de la capacidad de crear en lo cultural(3) y en lo ciudadano. Es posible que algunas de las personas que fuera de Argentina hayan oído hablar de estas prácticas tengan que agradecerlo a la participación de dos grupos artísticos que han recorrido Europa, por hablar de las tierras que tenemos más cerca, con su arte. Se trata del GAC (Grupo de Arte Callejero) y Etcétera.

El grupo Etcétera se crea en 1996, cuando H.I.J.O.S. ya había empezado a hacer los escraches. Algunas de las personas del grupo eran afectados directos o cercanos por la represión, otros eran jóvenes que tenían ganas de transformar la realidad. No formaban parte de partido político alguno y buscaban construir un nuevo espacio. La participación del grupo en los escraches empezó con la preparación de representaciones teatrales con personas o marionetas gigantes que pudieran tener una doble función. Por un lado, servir para hacer visibles algunas de las cuestiones que querían ser expuestas; por otro, distraer la atención de la policía y poder realizar el lanzamiento de los globos de pintura roja.

El Grupo de Arte Callejero, nacido de un conjunto de jóvenes en 1997, se define como un grupo de personas que trata de militar en política a través del arte. Plantean abiertamente que no consideran que la política deba ejercerse necesariamente a través de las herramientas clásicas. Desde un comienzo decidieron buscar un espacio que escapara al circuito tradicional de exhibición para comunicar visualmente, trabajaban en la apropiación de espacios públicos. Sus formas de trabajo apuntan principalmente a subvertir los mensajes institucionales vigentes (el código vial, el cartel publicitario, la estética televisiva…) y abarcan desde la intervención gráfica hasta la acción en la calle. Su objetivo es infiltrarse en el lenguaje del sistema y provocar desde allí fallas, alteraciones, para desenmascarar o hacer evidentes los juegos de relación del poder, a través de la denuncia. La conexión con H.I.J.O.S. llega rápida, parece evidente que para ambos el escrache puede ser entendido como una manera de hacer política. Antes de unirse a ellos, el GAC ya había realizado trabajos dedicados a mostrar la impunidad. En 1998 uno de sus componentes realizó una intervención indicando los centros clandestinos de detención de la ciudad utilizando las señales del código vial. Este tipo de actuaciones serán las que se pedirán al grupo, que sirvan para la comunicación más efectiva de la persona a escrachar.

La creación en lo cultural no se limita a GAC y Etcétera, en los escraches hay mucho espacio para todo lo que sirva a la expresión y la comunicación. Es muy destacable la recuperación que se produce en este periodo, y que se deja sentir en las movilizaciones, de las murgas. La dictadura militar en 1976 prohibió el carnaval. La fiesta no se celebraría, las calles no podrían ser ocupadas por la música y el baile. No es patrimonio exclusivo de la represión argentina este tipo de prohibiciones, por aquí también lo vivimos. El escrache ha contribuido a recuperar las murgas y se ha aprovechado de lo que le podían aportar: fiesta popular. Las murgas son expresiones colectivas, que surgen de los barrios, en las que se manifiestan los lazos que vinculan a la sociedad. La represión intentó acabar con ellas.

En las murgas se enlaza perfectamente la creación cultural y la ciudadana. A la gente de H.I.J.O.S., como a la de otras organizaciones que participan, les preocupa el construir tejido social. Recuperar aquello que la dictadura insistió en destruir. Las murgas son una buena muestra. Los escraches se podían realizar de diferentes maneras y al buscar la repercusión máxima, podía bastar con ser orientados a conectar con los medios de comunicación. Pensar en hacer algo para la televisión podía bastar. Algunos se pensaron e hicieron así, hubo escraches mediáticos. Pero se decidió que uno de los objetivos mismos del escrache tenía que ser contribuir a crear y consolidar lazos de solidaridad, trabajo colectivo en los barrios con los diferentes grupos que podían estar ahí.

El escrache empieza de este modo, con la conexión de entidades que actúan en el país, la ciudad y el barrio, con los vecinos del lugar donde se va a producir la intervención. En esta práctica lo que importa es todo lo que se hace y como se hace. Tiene que ver con la justicia, claro, con la condena, también. Pero no olvidemos todo el trabajo desde abajo hecho por diferentes organizaciones, en el que acabará participando muchas personas. A la vez que se lucha contra la impunidad mediante la denuncia, se crea ciudadanía. Cada escrache intenta conseguir que la sociedad sea más sensible a lo que ocurrió en ese pasado reciente que algunos quieren que se olvide y, con todo lo realizado para su preparación y ejecución, va contribuyendo a construir la democracia que se desea.

Jordi Mir Garcia

Profesor de la Universidad Pompeu Fabra y miembro del Centre d’Estudis

sobre Moviments Socials de la UPF

jordi.mir@upf.edu

Notas

1 Para conocer mejor H.I.J.O.S. conviene consultar las páginas web http://www.hijos-capital.org.ar y

http://www.hijos.org.ar. Un texto también de utilidad es el de Raul Zibechi, Genealogía de la revuelta,

Bilbao, Likiniano Elkartea, 2005. Para el Escrache, Genocida en el barrio, Buenos Aires, De

mano en mano, 2002; http://194.109.209.222/colectivosituaciones/pop_up_cuaderno_05.htm .

2 Es ilustrativo leer la «Declaración de Organismos de Derechos Humanos sobre el lock-out patronal» en el actual conflicto del campo: www.apdh-argentina.org.ar/documentos/2008/Lock-out_30mar08.pdf.

3 En el número 5 de la revista Brumaria se pueden encontrar diferentes artículos para

profundizar en este punto http://www.brumaria.net/erzio/publicacion/5.html. También en el catálogo

Pasos para huir del trabajo al hacer, Köln, Paul Maenz, 2004.

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