¿Algo que celebrar? de Pau Luque

Sí, se va. Por lo menos parece que, salvo deus ex machina, se va. Por fin. Berlusconi sobrevive a Italia. Lo que no está tan claro es que Italia sobreviva a Berlusconi.

Dicen que no ha sido por los jueces. Ni por la oposición –suponiendo, claro está, que algo así exista ahora mismo en Italia. Tampoco ha sido, en realidad, por sus socios de gobierno, esos a quien él llama “traidores”. Y dudar del cinismo de la iglesia católica a estas alturas sería una falta de respeto para Diógenes y el resto de la escuela cínica. Tampoco ha sido el pueblo, al que ahora –por lo visto- llaman sociedad civil. Ha sido ese ente, sin cara, pero con mucha mano, que llaman “mercado”. Lo primero que le viene a la cabeza a uno es: bueno, tal vez haya que dar un bote de confianza a aquellos que pensaban, y piensan –a pesar de hechos que poco tienen que ver con la última vicenda Berlusconi-, que el mercado regula la sociedad de la manera más sabia. Lo digo, básicamente, porque “echar” a Berlusconi es, sin ningún atisbo de duda, uno de los actos más sabios de los últimos tipos. Y no crea que haga falta ser un antisistema para ver esto. Aunque tampoco dudo que los antisistema fueron los primeros que se dieran cuenta de casos como éste hace ya bastante tiempo. Lo digo porque en vez de la crítica feroz que normalmente suelen recibir sus opiniones tal vez haya que escuchar, por lo menos, sus intuiciones. La cosa es que, como dicen los norteamericanos, face value parece bueno que los movimientos del mercado quiten del medio a un personaje nefasto como Berlusconi.

Pero a pesar de la alegría momentánea que produce este hecho en cualquier persona que no haya abusado de los antidepresivos uno se pregunta: ¿es mejor el peor gobernante elegido en un régimen de democracia liberal o que sea el mercado el que ponga y quite a los gobernantes –incluido sátrapas como el caimán? Desde un punto de vista pragmático la respuesta parece muy clara: visto que ahora los deseos del mercado coinciden con nuestras preferencias políticas, ¿para qué darle más vueltas al asunto? Berlusconi está fuera, por fin, así que qué importan las razones que le han empujado a la dimisión. Y, sin embargo, para quienes creen que la democracia –incluso una descafeinada como la que rige en los países occidentales- tiene algún valor intrínseco, y que la autodeterminación de los ciudadanos expresada a través del voto es algo positivo, la situación no deja de ser algo incómoda. Y es que llevado hasta sus últimas consecuencias, este último argumento lleva a ponerse, en algún sentido, del lado de Berlusconi. Sí, frente a los “mercados”, pero del lado de Berlusconi. Y esto es claramente paradójico, porque si ha habido un gobernante nocivo para el ideal de la democracia –en cualquiera de sus grados- en las últimas décadas en la vieja Europa ése ha sido Berlusconi, con sus leyes ad personam, con sus mayorías parlamentarias salvadas con el apoyo in extremis de diputados de la oposición en circunstancias realmente extrañas, con sus monopolios mediáticos, etc. Así que ¿qué razón habría para estar del lado de Berlusconi en estos momentos? Y, sin embargo, me parece que hay una, remota si se quiere, y que es la misma por la que habría que estar del lado de cualquier otro gobernante elegido en un régimen democrático y es que, mal que nos pese, el hecho de que este tipo sea el primer ministro italiano es fruto de “una” decisión del demos italiano. Sí, ya sé: decir que ha sido una elección democrática, teniendo en cuenta que domina prácticamente todos los canales de televisión y que consigue, misteriosamente, cambiar los votos de los diputados en las cuestiones de confianza, es tanto como decir nada. Pero incluso en este caso, uno tiene la sensación de que este tipo ha sido elegido en algún sentido ínfimo en el que no lo han sido esos misteriosos señores y señoras que deciden el destino de la plebe –y últimamente no sólo de la plebe- desde un trigésimo piso en Londres, Chicago o New York. Entonces la pregunta realmente interesante es: ¿es esto suficiente para ponerse del lado, ni que sea simbólicamente, de Berlusconi? Pero tal vez haya un argumento para evitar responder directamente a esta pregunta. Muy probablemente un escenario en el que Berlusconi resistiera significaría una situación, desde un punto de vista global –en el contexto italiano, aunque no sólo-, con muchos visos de empeorar progresivamente. Es decir, el binomio mercado más Berlusconi supondría seguramente un situación todavía más desoladora que un binomio mercado más…cualquier otro.

Así pues, a fin de cuentas, quizás haya algo que celebrar. Pero por si acaso no seamos demasiado optimistas. Al fin y al cabo Berlusconi siempre podría volver; en el pasado ya se fue dos veces y terminó volviendo. Y ya lo dice el refrán: no hay dos sin  tres. Pero entonces sí que, sin duda alguna, no habría nada que celebrar.

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