Melancholia, Lars von Trier

Una obra muy lírica y profundamente poética, la última película de Lars von Trier. Un film que reflexiona sobre el inalcanzable propósito del ser humano por dominar todo el conocimiento con la razón, y la condición existencial de angustia que consigue cuando este se ve limitado e imposibilitado en su intención vital.

La trama cuenta –a través de la historia de una rica familia americana- el drama de los seres humanos cuando descubren que un planeta –hasta aquel momento escondido por el sol- está a punto de chocar con la tierra, hecho que conllevaría su inevitable aniquilación. Lars von Trier –con su capacidad de crear escenas e imágenes de extrema empatía- nos trasmite la sensación claustrofóbica que prueba el ser humano cuando se ve encarcelado en su cuerpo y en su existencia falaz, cuando se da cuenta de que el infinito está mucho más allá de su ínfima existencia. Pero, esta vez, no queda tiempo para un enésimo acto de hubrys humana: el mundo muere definitivamente.

El planeta se llama Melancolía, y de hecho una de las protagonistas es una persona profundamente melancólica, en el sentido clásico del término. La melancolía era, según los clásicos griegos, uno de los cuatro temperamentos. Las personas melancólicas, de humor negro –hasta Aristóteles- eran consideradas locas, producían un exceso de bilis negra y se contaba que habían nacido bajo la influencia de Saturno, el dios melancólico.

La trama de la película nos acerca a una familia, una mujer Claire, su hermana Justine, su marido y su hijo. La historia se divide en dos partes: la primera habla de la boda de Justine, enteramente organizada por la hermana y el cuñado; la segunda nos muestra el momento en el que la familia toma conciencia de que el planeta Melancolía se está acercando amenazante a la tierra. Claire es una mujer muy seria y rígida con una vida bien planteada, mientras que Justine es una chica muy sensible, y en la familia la tratan como si estuviera loca. Justine es una melancólica y por eso cuando descubre el destino del planeta Tierra por el choque con Melancolía no se desespera como la hermana y su marido, sino que espera con mucha dignidad el fin de la existencia humana -que Justine define malvada-.

En la primera parte del film, donde se describe perfectamente -a través de la narración de la boda de Justine- el mundo humanizado, “civilizado” donde el ser humano impera y hay que subyacer a sus reglas para sobrevivir, Justine es la loca y Claire y el marido son los “normales”, los que saben vivir; en la segunda parte, cuando impera la naturaleza y su decurso imprevisible (y sobre todo incomprensible desde el punto de vista humano), Justine será la fuerte, la valiente, la que con sabiduría acompañará a la hermana Claire y a su hijo a la naturaleza de la muerte. Claire se perderá en el caos de la angustia.

Los papeles de las dos hermanas –como un recíproco alter ego- se invierten completamente.

La ambientación de la película es increíblemente sofisticada, la fotografía excelente y las localizaciones elegidas resultan profundamente simbólicas. Las escenas están ambientadas en un palacio con muchos caballos y un jardín típicamente inglés, muy racional, para nada salvaje, símbolo de la sumisión al que el ser humano ha obligado la naturaleza. Y este jardín parece citar a una pintura francesa del siglo XIV, El triunfo de la muerte, un cuadro donde la muerte a caballo representa la idea de que la muerte llega para todos, también para los ricos, como en el caso de esta familia.

La película está llena de citas de pinturas, de cuadros melancólicos, como la Ofelia de John Everett Millais, el David y Goliat de Caravaggio.

La idea de la naturaleza rebelde que al final gana al ser humano se propone, en esta película, con dos fórmulas diferentes: por un lado se cuenta el mito de la naturaleza que “clásicamente” castiga al ser humano por su arrogancia, y por otro lado parece que el director quiera hacer una apelación ecologista, tratando el tema extraordinariamente actual de los daños que la humanidad inflige cada día más a la naturaleza.

En fin, una película interesante, inteligente, lírica y de gran empatía.

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