Las movilizaciones del 15-M han sido exitosas. ¿Le alcanzarán las fuerzas para sostener su proceso?

Entrevista de Mundu Berriak a Joseba Fernández

Experto en Movimientos Sociales, investigador pre-doctoral en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UPV-EHU. Ha participado como activista del movimiento 15-M.

Mundu Berriak: Hace más de tres décadas el Estado español sale de la dictadura hacia al Estado social, de Derecho y Democrático. Para muchos países ha sido un ejemplo de lo que debería ser un Estado de Bienestar tras superar un conflicto dictatorial, sin embargo, las movilizaciones de este último mes muestran que las cosas no están bien ¿Por qué crees que estalla esta movilización denominada 15-M, una de las más importantes desde el periodo de transición?

Joseba Fernández: Vayamos por partes. De un lado, lo primero, negar esa visión “dulcificada” de la Transición española que ha sido presentada, desde las élites, como un ejemplo para otros casos de transiciones políticas. Lo acabamos de ver, recientemente, en el caso de las revueltas de la primavera árabe, donde se ha querido imponer modelos de transición pactadas al más puro estilo español. Treinta años después, los límites de la transición española siguen ahí. Y eso incluye también los límites del Estado del Bienestar español (siempre a la cola en la UE-15 en cuanto a gasto social, por ejemplo).

Dicho esto, pero muy ligado, habría tres factores que explican el surgimiento del “estallido” del 15-M. O, al menos, tres argumentos que lo sustentan: una voluntad democratizadora, unos anhelos de justicia social y, ambos, en estrecha conexión con la crisis económica que tan fuertemente está castigando al pueblo trabajador.

La voluntad democratizadora se conecta con los límites del modelo político español, con  el bipartidismo, con un sistema de partidos heredero de las ventajas que les ofrece el régimen constitucional, la crisis de soberanía de la política en detrimento de los mercados y de los grandes capitales, etc.

Los deseos de justicia social hacen referencia, precisamente, a este menguante Estado del Bienestar. El 15-M ha movilizado, como actor principal, a una juventud que es consciente de que sus condiciones materiales de existencia van a ser peor que las de la generación de sus padres. Las tasas de desempleo (hasta el 45%) y de precariedad, el imposible acceso a la vivienda, las nulas expectativas vitales etc. han sido elementos potencialmente movilizadores. Esta precariedad estructural a la que se ha condenado a la juventud explica también la importancia cuantitativa y cualitativa de la incorporación de jóvenes, hasta entonces desmovilizados, a una dinámica abierta de movilización.

Y luego está, por último, la cuestión de la crisis sistémica que, en el caso español, ha barrido con toda una visión del modelo de desarrollo basado en la financiación de la economía, el efecto riqueza de las clases medias y la burbuja inmobiliaria. El impacto de la crisis ha sido demoledor para millones de familias y eso ha ido generando, de forma larvada, un caldo de cultivo para el malestar y la indignación. Que eso estallara en algún momento parecía evidente. Estaba por ver cuándo y en qué formas se expresaba. De hecho, lo que habría que preguntarse es por qué ha tardado tanto en producirse.

En este sentido, lo que está pasando en algunos países europeos sometidos al chantaje y los ajustes del FMI y la UE no es muy diferente de lo que se produjo en décadas anteriores en América Latina. Salvando las distancias, obviamente, pero sí que hay un cierto paralelismo en el modelo de intervención de los mercados y en una pérdida de derechos sociales y de distribución de la riqueza y de las oportunidades que hace inevitable que la gente se revuelva contra las políticas de recortes que se les quiere imponer.

Por tanto, las condiciones objetivas para la movilización estaban dadas. Faltaban las chispas, las señales para convertir la indignación silenciosa en movilización. Y algo de eso llegó desde los países árabes. Eso fue una señal de que era posible resistir. La influencia de esos procesos no es desdeñable (basta fijarse en repertorios del movimiento como la toma de las plazas públicas). Eso, el éxito de la convocatoria del 15-M y la represión policial de los primeros días ejercieron de facilitadores para articular una respuesta colectiva y masiva que fue tomando forma a un ritmo espectacular.

Mundu Berriak: Quisiéramos preguntarte por dos fenómenos contradictorios: por un lado, el Partido Popular de base conservadora acaba de ganar importantes escaños tras las elecciones, y por otro, se desarrolla una fuerte movilización social que rechaza la política tradicional ¿Qué opinión te merece esta realidad que comparte la misma temporalidad en España?

Joseba Fernández: Históricamente es un hecho que los tiempos de la política y los tiempos sociales, de la movilización social, no son los mismos. Daniel Bensaid hablaba, en este sentido, de una “discordancia de los tiempos”. Los tiempos de la movilización social no se conectan, ni directa ni inmediatamente, con los tiempos de la movilización electoral. Hacerlos coincidir o, al menos, que la movilización social altere las hegemonías políticas (como en Bolivia, por ejemplo) requiere de tiempo y de enormes aciertos tanto del movimiento, como de un poder constituido en disolución. Ese momento no ha llegado.

Lo que sí refleja esta discordancia actual es la enorme distancia entre la institucionalidad y el “juego electoral” y el ambiente que se respira en las calles. Es evidente que es una paradoja que al mismo tiempo que se produce un cambio político favorable para la (extrema) derecha, en las calles hay también una alteración en favor de un tensionamiento social favorable a la movilización de “los de abajo”.

En cualquier caso, la primera gran victoria ha sido, precisamente, la inversión de la lógica del “sentido común”. Un sentido común que, podríamos decir, ha estado durante mucho tiempo en el campo del adversario político y que ahora está en el campo de los y las de abajo.

Mundu Berriak: ¿Cuáles consideras que han sido los principales puntos de la agenda política que se viene discutiendo en las acampadas? ¿Podría decirse que existe alguna identidad alrededor de temas políticos de relativo consenso?

Joseba Fernández: El movimiento surge, en un primer momento, como una manifestación colectiva de indignación contra varios elementos que ya he citado anteriormente. Se podría decir que, al principio, algunos elementos más referidos a la estructura democrático-formal (ley electoral, bipartidismo, casos de corrupción, etc.) reciben mayor atención aunque, desde un primer momento, la consigna de “democracia real Ya” se dirigía a enfrentar la lógica del gobierno de los mercados y de los poderes financieros, vinculando la dictadura de los mercados con los chantajes que, en forma de recortes sociales, se están produciendo en distintos países de Europa, incluyendo al Estado español . En ese sentido, es cierto también que la cercanía de las elecciones jugó como una buena estructura de oportunidad política para el movimiento.

En un segundo momento, los motivos más materiales y vinculados a los efectos de la crisis, han emergido y federado al movimiento con mucha más fuerza. Las movilizaciones contra el pacto del euro y la reforma de la negociación colectiva, las acciones y movimientos que están deteniendo desahucios de viviendas, las propuestas económicas que van surgiendo del movimiento etc. marcan un salto hacia la “cuestión social”.

De hecho, ya en las últimas semanas el debate sobre el programa del movimiento ha quedado superado por la propia praxis del mismo, más centrado en la movilización social que no en debates eternos para alcanzar grandes consensos. De esta forma, se podría decir que el programa del movimiento lo va configurando la propia movilización (contra qué y quienes nos movilizamos, y cómo lo hacemos). Así, el movimiento ya ha conseguido, porque se ha ganado ese derecho, ser el referente en el próximo periodo para responder a los distintos ataques que “desde arriba” van a seguir llegando.

Por tanto, siendo este un movimiento de carácter democratizador, no se limita a aspectos limitados si no que se dirige al conjunto del régimen político-económico. No hay democracia si el entramado institucional no es participativo, si se sigue alimentando de privilegios para una determinada clase política. Pero tampoco hay democracia si gobiernan los mercados, si no disponemos de condiciones materiales, no ya para la participación política, si no para la propia supervivencia.

Mundu Berriak: Al respecto de las movilizaciones en el mundo árabe se ha dicho que las herramientas del internet y las redes digitales han jugado un papel determinante en la movilización. Aunque aún es demasiado pronto para sacar conclusiones ¿Cuáles crees que han sido las principales herramientas de movilización del 15-M y cuáles consideras son sus principales enseñanzas?

Joseba Fernández: Evidentemente han jugado un papel determinante como medio para la movilización. Este movimiento, y antes el de los países árabes, nos demuestra que ya estamos en una nueva fase de las formas de movilización social. El uso masivo de herramientas tecnopolíticas al servicio del movimiento (desde las de las grandes corporaciones o las creadas desde el propio movimiento como la red social n-1) son ya recursos básicos para la auto-convocatoria y la difusión del movimiento. Con ello se evitan las distorsiones y bloqueos provocados por los grandes medios y el movimiento se dota de fórmulas de comunicación horizontales y mucho más rápidas y efectivas.

Del mismo modo, el uso de las redes provoca un rápido efecto de contagio-imitación que permite ampliar la audiencia del movimiento e ir generando formas de contestación y de contrapoder real en la esfera virtual que luego tienen su plasmación en las calles. También en las redes, podemos decir, hay una lucha por la hegemonía, por alterar los mensajes y discursos dominantes. Y digamos que en este terreno más novedoso, el movimiento se mueve mejor que en otros donde la hegemonía social de los de arriba está mucho más controlada.

Otro elemento a tener en cuenta de la importancia de internet y de las redes sociales es su vinculación con el carácter irrepresentable e, incluso, innombrable del propio movimiento. De alguna forma, estas herramientas (individuales y colectivas) permiten una expresión masiva de mensajes al más puro estilo “do it yourself”. Es decir, la ausencia de portavocías del movimiento y de estructuras claras (con lo bueno y lo menos bueno que eso tiene) permite que cualquiera sea, de alguna forma, portavoz del movimiento. De ahí que cualquiera pueda hacer un vídeo, convocar un evento, plantear una acción etc. Esto genera alguna disfunción ante la proliferación de propuestas pero ahí interviene también lo que un colega llama “una cierta providencia del movimiento” a partir de la cual algunas propuestas reciben más eco y terminan por recibir más adhesiones.

Dicho esto, no todo es idílico en la relación del movimiento con estas herramientas. Ya he citado algunas cuestiones procedimentales relacionadas con el uso de las redes. Pero también los saltos generaciones que implica el uso privilegiado de las redes.

En cualquier caso, si algo sigue quedando claro (más aún después de las revoluciones árabes) es que los cuerpos siguen siendo los dispositivos claves para enfrentar al poder en las calles. Y digo en las calles porque hoy hay otros campos de batalla. Pero sin los cuerpos, sin la movilización social masiva en la toma de las plazas y de las calles, sin el conflicto abierto en el mundo del trabajo los posibles efectos transformadores de las redes sociales no pasan de ser burbujas espasmódicas con escasa capacidad para alterar las relaciones reales de poder.

Mundu Berriak: La movilización del 19 de Junio de 2011 puede considerarse un éxito del movimiento por la masiva asistencia y por la energía social y política que desplego. Es evidente que la fuerza crece y los anclajes del poder sienten asombro y molestia por la respuesta social. En adelante ¿Qué retos que le vienen al 15-M? ¿Cómo te imaginas al Movimiento a corto y mediano plazo?

Joseba Fernández: Lo primero que habría que decir es una evidencia: constatar el éxito del movimiento. Hace dos meses escasos el panorama de la resistencia social era poco menos que desolador. Una falta de respuesta fruto de la impotencia y del miedo. Eso empezó a cambiar en la marcha convocada el 7 de abril por parte del colectivo “Juventud sin Futuro”. Ya entonces, digamos, empezamos a perder el miedo. El 15-M vino a ser la primera prueba de fuerza y de empezar a alterar la normalidad de este modelo de democracia. A partir de ahí se abre la posibilidad para una fuerza creativa del movimiento que desborda a todo el mundo.

En mi opinión el movimiento sigue en una larga primera fase de acumulación. Pero habiendo pasado por diferentes sub-fases y por diversas pruebas que ha tenido que superar y que, de hecho, las ha superado. Esta primera fase de seguir acumulando músculo social sigue en marcha y, de hecho, la demostración de fuerza del 19-J fue una prueba de fuego. Seguir integrando en el movimiento a sectores sociales y articulando un discurso nítido contra los recortes sociales a partir de la práctica de la movilización y la desobediencia civil es básico para consolidar el movimiento. En este aspecto, el movimiento ha sido lo suficientemente ingenioso y ágil para dotarse de una correcta estructuración que combina bien las diferentes escalas de conflicto. Por un lado, la extensión a los barrios y, por otro, no perdiendo la perspectiva del espacio estatal e, incluso, internacional para impulsar resistencias frente “las grandes políticas”. En esto el movimiento madura rápido y sabe salir de las propias trampas auto-complacientes en las que podría haberse instalado.

En cuanto a los retos, yo creo que se trata de seguir transitando la senda que ya está recorriendo el movimiento: sedimentar prácticas de resistencia y constituirse en ese sujeto protagónico que, frente a la impotencia o la deserción de otros actores, pueda ser el referente unitario y masivo para detener las agresiones por venir. En ese sentido, en el movimiento ya se habla de la posibilidad de una huelga general. Objetivo razonable a nivel estratégico pero que presenta dudas procedimentales. En cualquier caso, la necesaria ligazón entre el movimiento 15-M y el mundo del trabajo (espacialmente, el de la precariedad y el del desempleo) está todavía por venir. Lo que sí es seguro es que el movimiento ya ha trastocado el panorama de la movilización social y ya tiene la capacidad de hacer moverse a otros actores. Y eso deja el escenario mucho más abierto de lo que estaba. Seguramente, pasar de esta fase de acumulación y resistencia a una segunda fase de imposición (de imponer voluntades, mayorías y políticas) está todavía muy lejos (basta con mirar el caso de Grecia) pero es necesario no perder de vista hipótesis estratégicas sobre cómo alterar el modelo de gestión de la crisis y el cambio de régimen. Intensificar la fase a la griega para poder pasar a una fase a la “islandesa” sería fundamental. Pero para eso habrá que ser especialmente virtuosos y ser capaces de sortear los distintos mecanismos de control lanzados desde el poder.

En cualquier caso, si algo define a este movimiento es su imprevisibilidad. Difícil es saber sus posibles evoluciones y derivas. Lo que está claro que ha abierto un posible y nos ha mostrado que aquello de que “cuando los de abajo se mueven, los de arriba se tambalean” sigue siendo una realidad.

Fuente: munduberriak.org

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