¿EL CEMS EN FACEBOOK?

 

SIETE APUNTES MUY PROVISIONALES PARA UNA POSIBLE ONTOLOGÍA DE FACEBOOK

1. El uso que mayoritariamente se hace de Facebook no es el de convertirlo en una “ventana al mundo”; antes bien, es un espacio de proyección, espejo del sujeto. Engendrados por y desde el propio dispositivo, se plasman la creación de mundos posibles, no regidos por la imaginación, como en los relatos ficcionales, a través de contenidos narrativos, sino simplemente -y esto también hemos de considerarlo una forma de narratividad- por la relación misma.

2. El relato ficcional se sostiene en su irrealizabilidad, ahí radica su estatuto. Tiende a ilusionar en su realización, pero si se llega a realizar queda negado. El placer de la ficción es a condición de que la ficción termine, quede cerrada. La ruptura del relato ficcional, esto es, la ficción realizada, la realidad ficionalizada (hiperrealidad), es una realización que nos elimina el afuera portador de sentido. Esta pérdida es el síntoma de nuestra época. El sujeto de nuestra época es el sujeto histérico, el que ha perdido la mediatez del signo, es el que no tiene capacidad de distanciarse de lo inmediato. Con el uso que se hace mayoritariamente de Facebook corremos el peligro de quedarnos sin alteridad.

3. El uso que mayoritariamente se hace de Facebook funda lo relacional como nueva categoría referencial. Se idolatra una nueva forma de cotidianidad donde el gran reto consiste en realizarse como sujeto, en desvelar la intimidad, la espectacularización del mundo se traslada a la espectacularización del individuo. Nos construimos e inventamos una nueva identidad, nos representamos a nosotros mismos, jugamos a ser nosotros mismos, lo que en términos semióticos llamaríamos ‘construirnos un personaje’, en el marco de una redundancia identitaria.

4. Este es el síntoma Facebook: la ausencia o difuminación del otro. En Facebook todo es posible; y si todo es posible nada es real. Lo que se representa no deja huella, no tiene pregnancia. Y sin huella, dilapidamos la ética de la responsabilidad.

5. El contexto en que se desarrolla Facebook es el de una época obscena, una época que no cuenta nada, es la mirada sin relato, es la fragmentación del objeto, es lo dado del todo a la ficción. Lo obsceno es también lo insignificante, lo que nos dificulta el acceso al sentido. Se da relieve a lo anecdótico, a lo instantáneo, a lo accidental. Así, la realidad queda desustantivada, se produce una inmanencia de veracidad en lo que ya existe.

6. Pero Facebook no “es como es”, este dispositivo no tiene una esencia –aunque antes que una tecnología es una ideología con presupuestos éticos y políticos-. Cabe adoptar una actitud escapista mediante una lectura marxista clásica de la alienación: si el capitalismo alienaba respecto a los productos de nuestro trabajo, ahora se añade una nueva capa de alienación, porque ya no existe ni el producto. He aquí el error ontológico: pueden existen objetos nativos digitales que se digitalizan, como la música, y ello no supone ningún tipo de, por así decir, alienación añadida. A éste, hemos de añadir el segundo error ontológico: querer analizar Internet a través de su pantalla, por analogía con la televisión; por el contrario, se tratan de dispositivos muy distintos.

7. Pero otro Facebook es posible: por un lado, puede ser un dispositivo que posibilite el desarrollo de relaciones apelando a niveles de conciencia muy otros; y, por otro lado, puede ser un buen dispositivo para pensar-nos el mundo con voluntad transformadora, frente al juego postmoderno de jugar con su representación.

 

 

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