el “puttanaio” italiano

Cuando un italiano viaja por el mundo, siempre le preguntan “Cómo hacéis con Berlusconi? Porqué lo votáis?”. En Italia, ya nadie se hace esta pregunta, y por supuesto muy pocas personas admiten que lo han votado. Yo no sé contestar a esta pregunta, sino explicando que la gente italiana (como yo) se merece lo que le está pasando. Indro Montanelli, un intelectual liberal italiano muy brillante dijo que Berlusconi es un virus y para que lo maten, la gente necesita una vacuna, una fuertísima inyección de berlusconismo para acabar con eso. También Montanelli dijo que los italianos (como él) se merecen a Berlusconi.

Cuando leo cada día lo que pasa en mi país, me río. No sonrío, me río. Cada vez que oigo lo que pasa en Italia pienso que es como mirar una telenovela, cuyos capítulos son infinitos. Cada día el sistema político-televisivo italiano te asegura un nuevo capítulo de una historia que parece increíble, que no parece ser nada más que un gran reality show hecho para entretener la gente. Probablemente, mucha gente como yo, ha establecido una distancia emocional para supervivir al fracaso ético, social, económico y político de su país. Por eso, mira la telenovela y se ríe del nivel al que se puede llegar…

La respuesta que daré la próxima vez que alguien me pregunte “porqué los italianos no matan a Berlusconi”, será que los italianos están cansados, están amargados y ya no se enteran. Como en el proceso de la remoción freudiana, los italianos no se percatan realmente que todo lo que pasa en su vida cotidiana, y del que habla todo el mundo, está pasando a ellos.

En un momento histórico como en el que estamos viviendo, cuando desde Túnez hasta Egipto y Argel, los pueblos reclaman la libertad y la justicia, no me sorprende que en el así dicho “primer mundo”, la gente italiana no haga lo mismo. Me explico mejor, sí que los italianos y las italianas exigen libertad, pero sólo para sí mismo; cada uno pide su justicia, pero su justicia personal. En el primer mundo ya los conceptos de libertad y dignidad han perdido el significado universal y colectivo que tenían antes, para dejar lugar a un individualismo enfermo que mira sólo al propio bienestar personal. Si se escuchan bien las interceptaciones de las jóvenes mujeres que se relacionaban por dinero con Berlusconi, no se deduce el perfil clásico de unas prostitutas que sencillamente dan su cuerpo por dinero. Estas chicas pedían a Berlusconi una casa, un trabajo, y ayudas para su familia. Mientras que en el norte de Africa, la gente, que cree que todavía es posible un cambio, sale de casa, se junta como colectividad y se rebela, en Italia, la gente ha decidido asumir con pasividad la idea que nada se puede cambiar de esta forma. Por eso, ha pensado de utilizar los mismos medios, las mismas herramientas del poder político, para obtener una única (y opinable) justicia personal, donde ya no cabe la atención al bien común. Este es el razonamiento que las chicas de Berlusconi han aplicado de manera evidente. Aunque el gobierno Berlusconi haya predicado la importancia de la méritocracia (ejemplo excelso de este reto es la política universitaria italiana…), la gente, que no es para nada estúpida, se ha dado cuenta que la única manera para llegar a tener el poder, el dinero y el respecto social, es actuar como actúan sus padrones. Por supuesto, no estoy haciendo la apología de este fenómeno ni de estas chicas, sólo intento ver más allá para denunciar una mentalidad difusa, aberrante, que es la consecuencia de un sistema impar e injusto, y que se basa sólo en un imperativo: vender y comprar.

En un país democrático como Italia en el cual ninguno tiene derecho a nada, las personas empiezan a pretender sus derechos jugando con las armas que el sistema político mismo les ha enseñado con su conducta ejemplar.

Indro Montanelli (es muy significativo que una comunista cual soy, no para de citar a un liberal) decía que el pueblo italiano quiere y brama tener a un dictador, que son los italianos mismos que casi han “obligado” a Berlusconi a obtener y mantener tanto poder. Indro Montanelli murió hace años y no sabe que ahora el pueblo italiano parece que esté llegando al momento de matar al dictador. Como pasó con Mussolini, también ahora parece que la gente está abriendo los ojos…o mejor dicho, se ha cansado del dictador. Hasta que no surja otro (¿?).

Se puede generalizar tanto, hablando de Italia? Probablemente no, pero si se mira a la historia, estas afirmaciones no parecen tan absurdas.

En efecto, Berlusconi ha hecho algo significativo en estos años, llevando a termine un proceso que empezaron sus “padres espirituales” (Giulio Andreotti, Bettino Craxi…): sacar a la luz una característica importante de la identidad italiana, la que internacionalmente se conoce, hecha por personas listillas y que cada vez más saben disfrutar de la mentalidad mafiosa.

Lo que me cabrea más, probablemente, es que Berlusconi está cayendo por un problema de puritanísimo mezquino. Qué Berlusconi folle con chicas jóvenes (todas más que concordes) me da totalmente igual. Qué le guste montarse orgías me parece  genial.

Berlusconi está huyendo de procesos judiciales de mucha mayor envergadura que aquellos que lo acusan de haber abusado de una chica de 17 años y de pagar a otras cuantas. Cuando fue acusado de corrupción por el caso Mondadori, cuando fue acusado de tener relaciones muy estrechas con la Mafia, cuando puso todas sus putitas y sus amigos (también muy putos!) en el gobierno, la gente no dijo nada. El Vaticano no dijo nada. Ahora, parece que la gota que hace que el país explote, es un problema de orden ético. Claro que me enfado!

Cuando en el 2008, Berlusconi eligió a Mara Carfagna, la show-girl italiana, como ministro de “Igualdad de Oportunidades” (ya la elección del ministerio nos dice mucho), nadie dijo nada. Cuando un periódico argentino (Clarín.com) publicó una interceptación telefónica, en la que Carfagna explicaba a otra mujer como hacer una mamada a Berlusconi (por sus problemas a la próstata), poco se dijo. Cuando se descubrieron las fiestas que el premier se montaba en su villa en Cerdeña con las mismas chicas, las quejas duraron poco. Y las mujeres que hoy están haciendo la manifestación feminista, dónde estaban hace 3 años?

Lo que quiero decir es que no es para nada la primera vez que Berlusconi paga con el dinero de los contribuyentes italianos (es decir, de la gente común no de los potentes que son por la mayoría evasores fiscales) sus amores, dándoles cargos políticos. No son cosas nuevas. Con Berlusconi, nada es nuevo.

Entonces, bien que la gente esté cansada de Berlusconi, bien que las mujeres por fin han encontrado una vía de colectividad y monten una manifestación en toda Italia y en el mundo. Lo importante es que no se cree otro fenómeno de marketing político. Lo importante es que no se olviden en el futuro de las razones por las que están manifestando en estos días. Lo importante es entender que el horror de esta situación no reside sólo en el hecho que las mujeres utilicen propio cuerpo para obtener algo y que los hombres aprovechen de eso; la cosa aún más fea es que Berlusconi sigue dando a estas mujeres cargos de poderes, es decir, sitios de poder político pagados con nuestro dinero. Lo importante, yo creo, es no olvidar que Berlusconi es mucho más que un mujeriego, y que sus putas no son casos aislados de personas arribistas y calculadoras. Quizá son el espejo de una sociedad cínica y aberrada.

Una chica hablando de Berlusconi dijo por teléfono a otra que Berlusconi “è un poveraccio”, otra dijo “è un vecchio dalle chiappe flaccide”, y otra aun dijo que lo que pasa en las noches en casa del premier es un “puttanaio”. Estaban hablando de Berlusconi o de la Italia misma?

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8 responses to “el “puttanaio” italiano

  • Miguel C.

    Querida Daria: estoy totalmente de acuerdo contigo en que Berlusconi ha hecho algo más que ofender las buenas costumbres. Pero estoy absolutamente encantado con las masivas manifestaciones de ayer protagonizadas por mujeres, porque también el machismo italiano excede ampliamente a Berlusconi y atraviesa toda la sociedad (es un virus mucho más básico, “estructural” se podría decir, que hace posible el síndrome del berlusconismo). Puede que un feminismo abierto, realista, anticapitalista y con una profunda voluntad y capacidad de construir número y contrapoder, esté llamado a ser la auténtica punta de lanza de la lucha popular radical en Italia. Es cierto que podría haber habido antes tantas mujeres en la calle, pero qué bueno que están ahí hoy, y cada vez más acompañadas de “maricones”, ¿no? Tu cosa ne pensi?.

    • dariasaccone

      no sé Miguel…cualquier italiano que tenga memoria de estos últimos años, te contestaría que hubo muchísima contestaciones muy coloreadas en Italia, que se han quedado en forma de eslogan. No quiero ser cínica, nihilista ni nada de eso, pero en un país como Italia hay que esperarse de todo, como que la gente olvide y vuelva a su vida otra vez, que Berlusconi se quede allí esperando el cargo de presidente de la republica, o que deje la política y que pero no lo condenen. Esto no me basta, porque esto no es suficiente.
      Quiero, también, decir que no quería criticar a las mujeres que manifestaron ayer, pero escuchando las entrevistas que hicieron el día de la manifestación me quedé un poco desilusionada, porque muy pocas habían entendido que el punto de la cuestión no era sólo la imagen mezquina que las mujeres italianas estaban dando de sí y del país.
      Sin duda, necesito recuperar optimismo.

      • Miguel C.

        Me parece bien que no te conformen estas manifestaciones, pero ojo con el “todo o nada”. La realidad de hoy son estas manifestaciones, con todas sus virtudes y defectos. Si las descalificamos a priori, ya sea por no ajustarse al ideal que tenemos en mente, ya sea porque las inscribimos en el fatalismo de una maldición histórica que ha de condenar irremediablemente al fracaso todas las protestas en la Italia berlusconiana (derrotismo puro), creo que nos va a resultar más que difícil contribuir a que algo cambie positivamente y dejar de lamentarnos por cómo están “las cosas”.

  • dariasaccone

    es verdad. caigo como siempre en la misma perspectiva nihilista. vuelvo a leer el artìculo y me doy cuenta que proclamé, sin quererlo, el “todo o nada”. es verdad que hay màs que esto en el mundo. pero critico porque espero en un compromiso mayor (mio como de los demàs).

  • Julia

    Yo creo que el “derrotismo” de Daria es parte de su actitud crítica, que en el fondo, busca ser más combativa. Pero luego, ahí está en las manifestaciones, ya sea contra el gobierno egipcio o contra el de Berlusconi… Sólo hay que saber encontrarla 🙂
    (http://www.repubblica.it/politica/2011/02/13/foto/se_non_ora_quando_la_protesta_nel_mondo_4-12415876/1/)

    • dariasaccone

      gracias Julia, por tu confianza y por tu cariño. somos todos un buen equipo!

    • Miguel L

      La verdad es que cuesta mantener el optimismo ante la descripción tan cruda que hace Daria del estado de su país porque no es difícil caer en paralelismos con nuestro país (que conocemos aceptablemente bien), con los países industrializados en general (que conocemos un poco menos) y con los países en vías de desarrollo (que prácticamente desconocemos). Dicho de otro modo, podemos tener la impresión de que algunos de los defectos que denuncia Daria en la sociedad italiana se reproducen, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo que conocemos. Así, el individualismo y la consecuente ausencia de responsabilidad social, el efectismo de los medios y la dictadura que imponen al intelecto de las masas (y que las masas se autoimponen), el éxito de los “listillos” y la peligrosa propensión a imitarlos en lugar de denunciarlos son síntomas de una enfermedad contagiosa que adquiere dimensiones de pandemia. Prefiero verlo así que como una enfermedad genética con la que cargamos todos los seres humanos y que se manifiesta en algunos (o en muchos de ellos).

      Pero incluso aunque se tratase de una propensión intrínseca al ser humano (cosa que dudo), existe un remedio tan conocido por todos como denostado en nuestro día a día que es la cultura. Y no estoy hablando de la proliferación de intelectuales y de la adquisición de altas dosis de cultura como solución a los males que denuncia Daria. Una modesta dosis de cultura bien distribuida sería suficiente. Basta leer y/o viajar un poco para ver que los patrones se repiten y que los defectos que vemos tan evidentes en otros países y otros tiempos, probablemente también están presentes en nuestro entorno, pero nos cuesta más advertirlos. Basta saber un poco de Historia para ver que cometemos los mismos errores de principiantes que hace unos años (y décadas, y siglos), por lo que adquirir un poco de humildad histórica no debería de ser muy difícil. Todo se repite, o se reedita, o se versiona. Vivo en Mozambique desde hace poco más de un año y veo esos mismos síntomas. Pero Mozambique es un país joven, con una colonización reciente que ha acabado imponiendo un modelo sin aportar ningún bagaje con el que se pueda crear espíritu crítico ante el mismo, y con unas necesidades acuciantes que obligan en muchos casos a dedicar todos los esfuerzos en sobrevivir y poco más.

      Un ejemplo: el año pasado hubo unas revueltas sin líder provocadas por el aumento del precio de varios productos básicos que decretó el gobierno de Guebuza. Las manifestaciones se convocaron por sms por lo que el gobierno, que goza de una buena valoración sobre calidad democrática y control de corrupción por parte de agencias internacionales independientes, y que es además uno de los principales accionistas de las empresas de telefonía del país, usó su poder para bloquear el envío de sms en todo el territorio durante 3 días y para enviar propaganda anti revueltas por el mismo medio. Además, sacó a la policía a la calle y hubo varios muertos, entre ellos niños, por balas perdidas (se supone). Finalmente, en respuesta a las desorganizadas presiones populares, el gobierno dio marcha atrás en la subida de los precios (que subiría paulatina y disimuladamente durante los meses siguientes) y las revueltas cesaron. Evidentemente nadie se indignó por todo lo que puede provocar indignación en este episodio, y no se aprovechó el despertar del pueblo para exigir más democracia y menos corrupción. Pero es Mozambique, y el país está lejos de poder y saber exigir derechos.

      Suelo ser optimista sobre la evolución social, y pienso que con tiempo y esfuerzo por parte de donantes y locales se superará la pobreza extrema, y con eso cada vez habrá más personas con tiempo y salud para formarse académicamente, y con eso cada vez más cultura, y con eso cada vez más espíritu crítico. Ejemplos como el de Italia me hacen pensar por momentos: “Pa’ qué?”

  • Miguel C.

    ¡Qué miedo, Julia! ¡No se te escapa una! Estoy completamente de acuerdo: Daria se lamenta pero también se mueve mucho, y eso me consta (con o sin pruebas fotográficas). Un abrazo grande para las dos.

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